LEYENDA DEL CHINGOLO

    "Allí donde el hombre construya una casa y plante un árbol", y si pones atención y curiosidad podrás comprobarlo con tus propios ojos y oídos, "el chingolo llega para hacerle compañía".
    El chingolo frecuenta parques, jardines y lugares poblados en general, llegando incluso hasta los patios de las casas en procura de alguna miguita de pan. Es un pájaro confiado. También se lo puede ver en las zonas rurales, terrenos con arbustos, montes y costas de espejos de agua. Es inquieto y veloz en el vuelo.
    Si observas su comportamiento te sorprenderás ya que en tierra camina a los saltitos, se acuesta más tarde que otros pájaros y se lo puede escuchar cantar ya muy avanzado el crepúsculo, cuando los otros ya duermen.
    Es un ave de vida terrestre, dicen algunos. Estas peculiaridades y nuestro afán por compartir nuestras vivencias, han dado lugar a leyendas que van rescatando de la voz de la gente y sus recuerdos enseñanzas que trascienden lo cotidiano.
    El chingolo lleva en su cabecita un gorro como el de los presos. Y no sólo se acuesta tarde sino que además le gusta madrugar. ¨Está de pie al amanecer y lo primero que hace es saludar al alba cantando. Después sin ninguna prisa, se peina, se abrocha los botones del chaleco y sale del nido en busca del desayuno. Come unas semillas o un insecto; se limpia el pico; vuela hasta la rama de un árbol y vuelve a cantar. Y se pasa el día cantando. Ese es su oficio. Y lo hace bien".
    Cuentan que ¨ese pajarito tan alegre y confiado y tan buen cantor, fue una vez  un hombre grandote y forzudo. En el pueblo nadie lo quería; todos le tenían miedo. Los domingos paseaba por la plaza sacando pecho y provocando a la gente, porque era muy pendenciero. Le gustaba armar camorra y pelear. Cuando Chingolo llegaba a un baile, hasta los músicos temblaban. Quién lo ha visto y quien lo ve!
    Una vez pasó por el lugar donde se levantaba un templo de anchos muros y fuertes columnas que los vecinos habían construido con mucho sacrificio y cariño. Al verlo dijo, lleno de soberbia:
    -¡Gran cosa es esto, soy capaz de echarlo al suelo de una patada! - Y así lo hizo, , lo volteó a puñetazos y a puntapiés, festejando su atrevimiento a carcajadas.
    Inmediatamente lo prendió la policía. Lo engrillaron y lo encerraron en un calabozo. Ahí se acabaron la fuerza y la soberbia. Y, poco a poco, se fue achicando. El castigo de Dios fue más severo que el de los hombres. Por su vanidad y por su profanación fue convertido en  un pájaro con plumas y alas. Voló y escapó por entre las rejas del calabozo pero todavía conserva los grilletes y el gorro de presidiario.¨

    En el mundo guaraní, la leyenda muestra otros matices: un día, ¨dorado y brillante, el chingolo se paseaba sobre una torre y caminaba picoteando aquí y allá algún grano que el viento ha traído hasta las alturas del edificio. A pesar de su tamaño, relativamente pequeño, se mantenía en equilibrio enfrentando el fuerte viento de las alturas. La torre, mohosa, que había soportado el paso de los siglos sin inmutarse se alzaba hacia el cielo. Y allí andaba el pájaro dorado con su paso elegante y el brillo inaudito de su plumaje. Su voz se elevaba en el aire de la tarde en un gorjeo enamorado y hacía alarde de gracia y vivacidad ante la mirada atenta de una pajarita, sin otro objetivo que el de impresionarla¨.
    Henchido de orgullo el chingolo dijo:
     "Si me lo pidieras, derribaría esta torre de una sola patada".        Pero la afirmación era en extremo exagerada... Y como castigo a tal osadía, Tupa envio un fuerte viento  que entremeció la veleta y arrastró al chingolo en sus  remolinos. Nada puedo hacer su fuerza y aparente poder. Su soberbia había  recibido castigo, decían. El chingolo rodó por tierra malherido y sus plumas  doradas se convirtieron en una mezcla de ceniza y tierra. Su bello gorjeo no apareció en su garganta y ya no puede sostenerse con gracia sobre sus finas  patas. Desde entonces el chingolo se mueve con esos ridículos saltitos y se confunde con la tierra.¨

    De todos los cantares y leyendas , el chingolo sale airoso y hoy sigue atravesando nuestros campos y patios orgulloso de su destino. Este presuntuoso sigue mostrándose atrevido, animándose y haciendo frente a los desafíos, pero no ya inspirando temor o haciendo gala de soberbia, sino con compañerismo y amistad.

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