LEYENDA DEL CHAJA


    El chajá es un ave que tiene un porte desdeñoso. Su corpulencia, y su altísima y formidable voz lo presentan como un poderoso guerrero, vive en familia, pero a veces en bandadas. En la leyenda no es el chajá un ser afortunado. Pese a sus virtudes, a su cualidad vigilante, tan útil para los campesinos, es condenado por la poesía popular.
    La fofa carne del Chajá no es comestible y el aborigen guaraní, rencoroso, le creó una ingrata leyenda que los evangelizadores blancos adoptaron. Yasí (la Luna para los guaraníes), al bajar a la Tierra, suele tomar forma de mujer. Lo hace para alternar con los seres humanos y saber así cuáles son malos, cuáles buenos y pedir a Tupá el castigo de unos y el premio de otros. En una calurosa tarde, Yasí, acompañada de un gracioso chico, iba por una selva.
    La sed los torturaba (porque cuando la Luna y otros seres divinos adquieren forma de humanos, sienten sus mismas necesidades). El niño, sobre todo, padecía horriblemente. Viendo Yasí a dos jóvenes lavando en el remanso de un arroyo, les pidió agua.
    Ellas se la negaron. Entonces, se alejó la Luna seguida por el niño lloroso. Las muchachas la llamaron y vio que en una calabaza le ofrecían agua. Se aproximó, pero no pudo beber. Las perversas, burlándola, le ofrecían agua jabonosa.
    Y así, muda, levantó los ojos al cielo. Pedía el castigo de las dos muchachas. Y apareció un ayurú (el mensajero celestial de las leyendas guaraníes)... El papagayo habló a la Luna: ¡Allí hay un manantial!  y señaló una fuente que acababa de brotar entre los árboles.
    Bebió el niño y el ayurú, hablando ahora a las estupefactas burlonas, les dijo: Y para vosotras, malvadas, he aquí el castigo de Tupá. Quedaron inmediatamente transformadas en aves. Una intentó hablar. Solo dijo: yajá (vamos, en guaraní), y se alejaron chillando. Por eso el Chajá vive en parejas y su carne es fofa, con gusto semejante al de la espuma de jabón.
    Esta leyenda, modificada seguramente por los misioneros jesuitas, se narra como si hubiese acaecido con la Virgen y el niño Jesús como protagonistas. También sufrió otra modificación al pasar por el tamiz de los cristianos: quienes llegaron a pedir agua a dos lavanderas fueron Jesús y San Pedro.
    Otra Leyenda nos narra que el Chajá habita en zonas de lagunas y ríos,  y si bien es un ave con habilidad para volar muy alto como las demás rapaces, vive como animal domesticado. Es un ave monógama y lo único que lo separa de su pareja es la muerte, por ello se las ha llamado aves del amor, aves inseparables.
    Esta leyenda tiene influencia religiosa, y nos cuenta que dos jovencitas estaban lavando la ropa en un río cuando llegaron Jesús y San Pedro, quienes habiéndoles pedido agua para beber, las muchachas le alcanzaron agua con jabón y por eso fueron maldecidas, y al querer irse, en lugar de decir yajá (vamos, en guaraní), dijeron Chajá y salieron volando convertidas en pájaro.
    Desde entonces sus carnes no sirven para comerse pues es pura espuma, y como se dice comúnmente: pura espuma como el Chajá.
    En el Chaco hay una versión parecida: Dos mujeres lavaban su ropa cuando se acercó una anciana para pedir agua, éstas le acercaron agua sucia y con jabón y se dijeron la una a la otra: yajá. La viejita, que era la Virgen María, al darse cuenta de la maldad de ellas, las convirtió en aves para gritar eternamente: chajá, chajá.
    Se dice que si se duerme con una pluma de Chajá debajo del colchón, se tendrá un oído fino y alerta.

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