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Corrientes en el contexto regional: una perspectiva desde la historiografía correntina

María Silvia Leoni de Rosciani (Universidad Nacional del Nordeste, Argentina)

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En la primera mitad del siglo XX, la obra del historiador correntino Hernán Félix Gómez (1888- 1945), -quien fuera actor central de la historiografía de la provincia-, constituyó el primer intento por brindar un marco teórico-metodológico a los estudios históricos correntinos, así como delinear una perspectiva correntina de la historia argentina. El análisis de sus presupuestos ideológicos y de sus opciones teóricas y metodológicas nos enfrenta con una clara propuesta de reversión de la mirada en torno a la relación centro/periferia, cuyo interés se ve aumentado por la amplia difusión que tuvieron sus obras, que aún hoy son de consulta obligada. Su contribución, enmarcada en la problemática de la inserción de Corrientes en el esquema político contemporáneo, se halla en estrecha vinculación con sus ideas y actividades políticas y educativas.

Por otra parte, su propósito de ensamblar la historia provincial en el contexto regional, lo llevó a atender especialmente a las relaciones de Corrientes con las provincias limítrofes, tanto como con Uruguay y Brasil, brindando una particular interpretación de las mismas.

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La historiografía correntina en la primera mitad del siglo XX

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Si damos un repaso a la historiografía correntina a lo largo del siglo XX, advertimos que ella se inserta, mayoritariamente, en el campo de una historia política en la cual las elites que protagonizan el discurso historiográfico encarnan los mismos ideales (políticos, ideológicos, culturales) que defiende el historiador. La historia es considerada, Básicamente, un instrumento de la política, ya que posibilita la validación o rectificación de la actuación política presente en función del pasado. Es esta modalidad la que ha predominado en el desarrollo de la historia política correntina hasta tiempos recientes y le ha proporcionado las obras más significativas. No obstante, enmarcada en un determinado contexto sociopolítico, fue agostándose a la par que se producía la transformación de dicho contexto en la segunda mitad del siglo XX (Leoni, 2000).

Para 1890, Corrientes contaba ya con una larga y activa participación en la construcción de la historia argentina, un campo intelectual definido y una conciencia histórica arraigada; estos factores la colocarían en una situación de privilegio en el campo historiográfico del Nordeste argentino.

Cuando, a mediados del siglo XIX, comienza el desarrollo de la historiografía nacional, surge también el interés por el estudio del pasado correntino. En esas primeras historias argentinas generales se incluyó el análisis de la participación de Corrientes en las luchas por la independencia y por la organización nacional, pero desde una perspectiva centrada en Buenos Aires. A los historiadores correntinos correspondería el esfuerzo por brindar estudios desde la perspectiva de su provincia. Aparecieron, luego, en el ámbito local, los primeros trabajos históricos sobre Corrientes.

Los gobernantes correntinos reconocieron ampliamente la importancia política de la historia y se preocuparon por fortalecer la ya arraigada conciencia histórica de la comunidad mediante la divulgación del conocimiento de la historia local, la publicación de obras, la realización de grandes homenajes públicos -conmemoraciones de batallas, de la fundación de ciudades, de las gestas de héroes locales- y la creación y organización de la infraestructura necesaria -archivo, museos, instituciones vinculadas con los estudios históricos, recopilaciones documentales (Leoni, 1996b). En este sentido, se destacan en la primera mitad del siglo XX los gobernadores autonomistas Juan Ramón Vidal (1909-1913), Benjamín González (1925-1929) y Juan Eusebio Torrent (1935-1939).

Bajo el gobierno del primero, se emprendió una prolífica labor de edición documental. En la gestión del segundo, se publicaron numerosas obras históricas y se realizaron ediciones documentales; se organizó en la provincia el Tercer Congreso de Historia Argentina; se dispuso la determinación de los monumentos y lugares históricos en el territorio provincial y se proveyó su custodia; se crearon el Museo Histórico y el Museo Colonial. A Torrent se debe el apoyo brindado a la producción historiográfica y la creación de la Junta de Estudios Históricos de Corrientes. Cabe señalar que Hernán Gómez estuvo estrechamente relacionado con estos gobernantes, y que la mayoría de las iniciativas mencionadas lo tuvieron como gestor.

La existencia de una conciencia archivística favoreció el desarrollo historiográfico correntino. Ya en 1821, se había creado el Archivo General de la Provincia y se adoptaron diversas medidas para salvaguardar la documentación oficial. A principios del siglo XX, se realizó una fecunda tarea de organización, conservación y difusión del material documental.

Estas actividades fueron acompañadas por una significativa labor de edición con el establecimiento de la tercera Imprenta del Estado, en 1913: se editaron las Actas Capitulares de Corrientes, publicaciones conmemorativas, reproducciones facsimilares, el Registro Oficial de la Provincia y distintas compilaciones documentales.

Corrientes, a lo largo de la primera mitad del siglo XX, no tuvo centros de estudios superiores en el área humanística. La investigación de la historia local se fomentó en sus colegios secundarios -principalmente el Colegio Nacional, centro de formación de la intelectualidad correntina- y a través de instituciones, como la Academia de Estudios Históricos y Sociales de Corrientes y la Junta de Estudios Históricos que, sin embargo,

tuvieron corta vida.

Los movimientos historiográficos prevalecientes en Buenos Aires se proyectaron en la provincia, que buscó incorporar los adelantos metodológicos introducidos por aquellos. La herencia positivista, que llegara a Corrientes en las últimas décadas del siglo XIX, se observa particularmente en el interés por exhumar documentos y someterlos a crítica. A ello se sumaría la influencia de la Nueva Escuela Histórica Argentina, en las primeras décadas del siglo XX, con su proyecto de relevar los archivos provinciales, como paso preliminar de toda investigación histórica; su propuesta de lograr una historia científica, basada en la estricta aplicación de los principios metodológicos y la decisión de revisar todo lo escrito hasta entonces sobre la base de estos postulados (De Pompert, 1991).

También procuró vincular los hechos históricos que se producían en el interior con los que se desarrollaban en Buenos Aires, aspecto que se evidencia fundamentalmente a través de la obra de Emilio Ravignani (Buchbinder, 1993), con quien Gómez presenta varios puntos en común. Todos estos principios se manifestarían en la obra de los historiadores correntinos más destacados del siglo XX.

Corrientes atravesó, en la primera mitad del siglo XX, una etapa de desarrollo historiográfico, manifiesto en la importante labor heurística, una rica producción, que incluye obras consideradas clásicas, y polémicas que alcanzaron amplio eco, aún fuera de los límites de la provincia. Los historiadores correntinos de las primeras décadas del siglo, pueden incluirse entre los denominados autores provincialistas”, caracterizados por su revisionismo moderado, consistente en brindar una visión de la historia argentina desde la perspectiva de las provincias, con el fin de demostrar la contribución de éstas al desarrollo nacional (Kroeber, 1965). Se produciría su enfrentamiento con el revisionismo rosista, de gran efervescencia desde la década de 1930, con el cual polemizaron, principalmente ante la conmemoración de centenarios, como el de la batalla de Pago Largo, al otorgárseles opuestas significaciones.

Un repaso a las temáticas abordadas por la historiografía correntina, nos permite señalar la preferencia por el marco temporal del siglo XIX, la narración de los acontecimientos político-militares, especialmente los referidos a la lucha contra Rosas, la gestión de distintos gobiernos y las biografías individuales.

Así, Manuel Florencio Mantilla (1853-1896), Hernán Gómez, Wenceslao

Domínguez (1898-1984) y Valerio Bonastre (1881-1949), desde sus distintas pertenencias partidarias y desde los diversos momentos históricos en los que actuaron, se propusieron demostrar la contribución de Corrientes a la organización política del país y determinar una

línea histórica que, atravesando todo el pasado correntino, llegara al presente, para proyectarse al futuro.

Su problemática se centra en dos aspectos esenciales. En primer lugar, se preocuparon por determinar la importancia de las autonomías provinciales para el fortalecimiento de la Nación y recuperar el lugar que consideraban le correspondía a la provincia en el contexto nacional, a través de la reivindicación de su aporte al proceso de construcción del orden institucional argentino.

Apelaron al pasado para fundamentar su reclamo de una mayor participación de Corrientes en una realidad nacional que denunciaron avanzaba hacia la centralización. El lema “Hacer la Nación en la provincia”, formulado por Gómez, con algunas variantes, aparece en todos ellos. Estos historiadores encontraron el principio directriz de la historia provincial en la defensa de la autonomía de Corrientes frente a la hegemonía del gobierno de Buenos Aires, pero siempre inserta en un marco nacional.

Por otro lado, buscaron la adecuación de los grupos dirigentes provinciales a las nuevas realidades. Ante los cambios producidos en el país, volvieron los ojos al pasado para legitimar el papel asignado a esos grupos y determinar su acción futura. La historia también constituía, desde esta perspectiva, un repertorio de ejemplos para las generaciones presentes. De allí el lugar central que otorgaran a la política en la historia, al constituirla en el motor de los acontecimientos (Leoni, 1999; 2000).

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Hernán Gómez y la problemática correntina

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Hernán Gómez ocupó un lugar central en este campo historiográfico. Muchas de las medidas

adoptadas por el gobierno en temas vinculados con la historia, se nos presentan inspiradas por aquél. Su asesoramiento era requerido para dilucidar cuestiones como la fecha de fundación de pueblos, el escudo de armas de la ciudad de Corrientes o dictaminar sobre proyectos para la erección de monumentos y determinación de lugares históricos. El respaldo obtenido por parte del gobierno de la provincia, lo convertiría en el historiador oficial de la misma, entre mediados de la década de 1920 y 1940 (Leoni, 1996a).

Su inserción institucional revela su vinculación con los hombres de la Nueva Escuela Histórica, a través de la Sociedad de Historia Argentina y de sus colaboraciones para la Academia Nacional de la Historia.

No sólo se conectó con el movimiento historiográfico de Buenos Aires sino que, mediante su participación en la Academia Americana de la Historia y en diversas Juntas de estudios históricos, se vinculó con historiadores del interior del país y del Uruguay.

Gómez fue un destacado representante de los sectores dirigentes correntinos de la primera mitad de siglo. Aparentemente destinado, por tradición familiar, dotes intelectuales y preparación, a ocupar un lugar de primera línea en la política correntina, su actuación en esta área no pasó de un plano secundario. Sus causas deben buscarse, fundamentalmente, en el personalismo ejercido por Juan Ramón Vidal, caudillo autonomista, que no permitió el encumbramiento de un partidario díscolo y de pensamiento independiente. Incluso, ambos llegarían a un abierto enfrentamiento, en el cual Gómez criticó severamente las prácticas políticas de aquél (Leoni, 1995), aunque posteriormente se reconciliarían.

No obstante este desplazamiento del campo político, Gómez mantuvo un prestigio que lo

convertiría en una figura escuchada y respetada, de gran predicamento a través de la prensa, la cátedra y la tribuna. Fue uno de los más destacados representantes de la Generación del Centenario en la provincia y contribuyó a introducir en ella las nuevas corrientes idealistas y espiritualistas llegadas de Europa, en un intento por generar un movimiento intelectual contrario al positivismo imperante.

Las ideas políticas, económicas, educativas e historiográficas de Gómez se presentan íntimamente ligadas al hallarse en el punto de intersección de dos problemáticas; por un lado, la problemática de la redefinición de las relaciones entre la capital y las provincias, surgida ya a fines del siglo pasado. Por otro lado, se ocupó de las cuestiones planteadas por las transformaciones de la Argentina del Centenario -que pueden englobarse en las consecuencias no deseadas de la inmigración masiva-; en este sentido, señalaremos que en 1909 integró el Comité Central de la Juventud Pro Centenario, cuyos ideales eran, en sus propias palabras, restaurar el alma nacional, argentinizando a los habitantes, mediante el culto de la tradición y la historia; quería forjar “un sentimiento de nacionalidad que las corrientes inmigratorias destruyeran” y adoptar como norma de vida “las energías de la historia” (Gómez, 1928a).

Formado en un medio fuertemente conservador, Gómez realizó una constante prédica en favor de la tradición, con un sentido pragmático, al buscar su adecuación a las nuevas realidades. Autocalificado liberal, defendió principios como la democracia, la libertad, la igualdad y la soberanía popular. Asimismo, participó del nacionalismo propio de la Generación del Centenario -caracterizado por la búsqueda de las raíces de la nacionalidad y su proyección hacia el futuro; el rechazo hacia el cosmopolitismo y las ideas políticas introducidas por la inmigración; la búsqueda de la integración americana-, ideas que se transformarían luego en su participación en la Liga Patriótica Argentina, la Legión Cívica y en sus simpatías hacia la democracia funcional, que lo acercaron al fascismo. Todo ello sin abandonar las filas del partido autonomista correntino, sino planteado como una forma de buscar alternativas para el perfeccionamiento de la democracia.

Si bien propuso la generación de una nueva ideología, acorde a los tiempos, no realizó una formulación orgánica. La presencia de estos aspectos dispares, y a veces contradictorios en su pensamiento, en el que se combinan elementos conservadores, liberales y nacionalistas, dificulta su encuadre ideológico y plantea la necesidad de analizar los matices que se esconden bajo el rótulo de "conservadurismo provincial".

Su visión de Buenos Aires en la década de 1920 participa del rechazo manifestado por los jóvenes de los grupos dirigentes de la provincia, ante el avance de la inmigración, que consideran causa de un nuevo orden político caracterizado por la inequidad para con las provincias. El federalismo encontró en Gómez un acérrimo defensor, que se levantaría frente al avasallamiento de las autonomías provinciales en lo político, económico y educativo.

Propuso la creación de un polo de poder en el Nordeste, bajo la hegemonía de Corrientes, con una amplia base territorial y una unidad económica que sirviera de contrapeso al gobierno central. En 1928, aconsejaba constituir a Corrientes en centro de la Mesopotamia. Ya en 1944, abogaría por la unidad del Nordeste Litoral, siempre en torno a Corrientes: “Iguales problemas, en lo material y lo cultural, enlazan el destino de las comunidades que lo integran. Antes fue el sello de la raza guaraní, señorial y autóctona, que está en la toponimia, en el lenguaje popular, en el tipo racial de la masa que construye”(Gómez, 1944a). Por ello, deploró la pérdida de territorios adjudicados a Corrientes al fundarse la ciudad y fue un activo defensor de los derechos correntinos sobre Misiones.

También destacaría el papel de Corrientes como valla ante el avance del cosmopolitismo, pues en ella la raza “se conserva pura en el horizonte patriarcal de las costumbres nuestras, no tiene por qué temer la garra despiadada del extremista” (Gómez, 1928c).

Esta defensa de las ideas federales lo llevó, en la política provincial, a atacar al personalismo, al que consideraba correlato del unitarismo, y a trabajar en favor de la descentralización administrativa, la formación de partidos orgánicos, que no respondieran a caudillos, y el ordenamiento y difusión de la legislación provincial, para su correcta aplicación.

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La función social de la historia

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Gómez perteneció al nacionalismo cultural argentino de principios de siglo, caracterizado por buscar y rescatar las raíces de la nacionalidad en el pasado, frente al avance del cosmopolitismo. Si bien no había coincidencias en el diagnóstico, sí existía unanimidad en la necesidad de construir, recuperar o inventar una tradición en la cual los nuevos argentinos pudieran reconocerse: la historia era el instrumento privilegiado de la educación patriótica. Así, un conjunto de intelectuales combinó la tarea del historiador con la de vocero de este nacionalismo (Devoto, 1999).

Gómez asignó un papel fundamental a la historia en la formación de la conciencia nacional, pero también de la provincial. La función de la historia es pragmática: proporcionar guías y caminos para la acción, reparar las injusticias provocadas por el tiempo, ya que es, para los pueblos, como la memoria para los individuos; ella guarda los saldos de la experiencia y los grandes ejemplos. Por otra parte, al sostener que los procesos sociales se duplican, determina que su estudio prepara las soluciones del porvenir. Los cambios, para ser efectivos, no deben ser impuestos desde afuera, sino estar contenidos potencialmente en el proceso de desarrollo de un pueblo. Las “clases cultas” son las encargadas de encauzar estos esfuerzos dentro del camino indicado por la historia y la tradición: “En las claras fuentes de la vieja Argentina beberán su espíritu las generaciones de la nueva Argentina” (Gómez, 1928c).

Las transformaciones políticas, sociales y mentales que Gómez observara en la década de 1920, lo llevaron a advertir la aparición del "hombre nuevo", producto de la inmigración, caracterizado por su desconexión con el pasado y por la persecución de fines meramente económicos. Ante tal diagnóstico, formuló como objetivo básico para la enseñanza, el rescate de la tradición, medio para afianzar la conciencia nacional, el respeto a las instituciones establecidas y a los grupos dirigentes, fortalecer la personalidad provincial y lograr el desarrollo económico regional.

Aboga por restaurar el alma nacional que necesitan los estados para subsistir y argentinizar a los habitantes por el culto de la tradición y de la historia; forjar un alma argentina, “un alma con temple de patricio viejo y no una con propósitos esencialmente materialistas” (Gómez, 1928a) Exhorta a unir pasado, presente y futuro bajo el propósito de “nobleza y patria”.

Desde esta perspectiva, la enseñanza de la historia debía ser algo más que impartir una crónica regional, de por sí necesaria para afirmar el vínculo del niño con su medio, pero insuficiente para cumplir con los altos fines reservados al conocimiento histórico: “A través del estudio de la historia de Corrientes, se labran una serie de ideas y sentimientos fundamentales y decisivos para el porvenir de la provincia. Se conocen las instituciones que informan el orden público en su proceso evolutivo, aprendiendo que ellas son un medio de felicidad ajustable al devenir de las necesidades y los conceptos. Se conquista la impresión de la vida real, difícil y dolorosa en su evolución, con los deberes que impone al hombre, muy lejos de la vida egoísta del individualismo sistemático. Se conoce el medio y el poder de los recursos y las producciones regionales...se aprende con el ejemplo elocuente de virtudes erigidas en disciplina social...[y se forma] el carácter del pueblo e individualiza el alma colectiva, propia, que necesitan la nacionalidad y las formas federales de la república” (Gómez, 1928b).

En la historia se encuentran los elementos que ayudan a formar al ciudadano responsable, respetuoso del legado de sus antepasados y capaz, como ellos, de defender los derechos de su provincia y luchar por su progreso: “¿Qué podría interesar al exalumno de las escuelas de Corrientes, hecho hombre, el avasallamiento de su riqueza privada con tal o cual medida tomada por la nación, en nombre del derecho de legislar el comercio entre las provincias, si no tiene la emoción de la soberanía local ni conoce la forma de ejercer su defensa? ¿Qué puede significar en su espíritu como fundamento de su civismo, un allanamiento al gobierno propio, cuando ignora el sacrificio de los viejos varones que honraron la provincia, desde Berón de Astrada; el principismo de Ferré, dogmáticamente federal...?¿Qué pueden sugerirle los recursos de nuestro medio, por más modestos que fuesen, si ignoran la obra de Pujol, el ciudadano que labró la provincia en un medio más pobre y más inculto?” (Gómez, 1928b)

La historia, dentro de este contexto, es ciencia en cuanto valoriza los elementos constitutivos de la nacionalidad y contribuye a estructurar el pensamiento de las generaciones que continúan la herencia históricosocial.

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Historia nacional/historia provincial

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Gómez, al considerar agotado al positivismo, se propuso proporcionar otra

ideología; así rescata, a través del estudio de la historia, una que considera yace en lo profundo de la conciencia colectiva. Esta ideología es lo que denomina el dogma o programa de Mayo, que contiene los principios de la personalidad social, la individualidad política y la constitucionalidad orgánica. Estos principios se revelan “en todas las manifestaciones de la vida popular, en todos los hechos y en todos los acontecimientos producidos por la fuerza incontrarrestable de la Revolución de Mayo”.

El estudio de la historia argentina debe abordarse a la luz de esos principios y la misión del historiador será establecer el proceso que los plasmó en las instituciones y en el alma nacional. Asimismo, destacar las ideas fundamentales que encierra el programa de Mayo, que se han ido desplegando a lo largo de la historia: el ejercicio del derecho, el espíritu solidario con el continente, la consideración de los valores regionales, la soberanía del pueblo y la igualdad (Gómez, 1928b).

Este desarrollo se inicia con el “pensamiento liberal nacido en Mayo, escrito en los votos de la Junta Provisoria, llevado en las instrucciones de Moreno, concretado en las concepciones de rivadavia, accionado por los hombres de provincia en el Congreso de 1824, planteado como una exigencia de la vida en los debates que explican la Liga del Litoral.. .pensamiento liberal que se levanta contra la tiranía...que la venció después de enormes sacrificios, para darnos la Constitución y establecer un orden legislativo inteligente, en cuyos archivos buscamos, los hombres de hoy, de todos los sectores, el antecedente, la semilla, de cuanto concepto de felicidad y justicia se accionan sobre la perspectiva de la Nación” (Gómez, 1944). De esta manera, se sostiene la línea Mayo-Caseros, pero redimensionando el papel jugado por las provincias.

Para Gómez, la clave en el proceso histórico nacional no está ni en la emancipación ni en el

sentimiento patrio, sino en el sentimiento de individualidad. Esto da la clave de nuestra historia y explica sus aparentes contradicciones. En la historia argentina se dan paralelamente dos procesos: uno que iba dando forma a la existencia común de los pueblos y otro que, lentamente, manifestaba la existencia de cada provincia. Así, mientras el Congreso de Tucumán hacía la nación, al lograr la autonomía, la montonera litoral construía la forma de gobierno. Desde 1820, se abrió un período de antítesis entre la existencia política de la nación y la de las provincias, que se conciliarán en la Constitución de 1853.

Subrayará que la historia argentina es una, indivisa, pero puede ser vista desde la plataforma de las catorce provincias, que actuaron con ideas y sentimientos propios en el devenir de los sucesos. Solamente cuando se aclare la intervención de cada una de ellas, se hará luz sobre la obra concurrente del pueblo nacional por definir en los hechos el dogma de Mayo. Pero, por otra parte, si bien deben destacarse las individualidades, no puede escribirse la historia provincial con el criterio excluyente del medio, sino considerando a los acontecimientos como escenas de la historia argentina, vinculados con los sucesos de las demás provincias.

Sobre esta base, critica la historiografía de la primera mitad del siglo XX, ya que "los libros generales de historia argentina fueron escritos desde el punto de vista geográfico social en que su autor residía, en que actuaba o a cuyo núcleo cultural correspondía. Por eso todos, en términos generales, ofrecen una visión no exacta de la realidad tal cual fue” (AGPC, 64). También desaprueba la Historia de la Nación Argentina, publicada por la Academia Nacional de la Historia, pues encuentra en ella una suma de monografías, ordenadas cronológicamente, que no proporciona una visión totalizadora de nuestro pasado y que desconoce los procesos provinciales.

La defensa de la especificidad de la cultura correntina dentro del contexto nacional, condujo a adoptar una particular perspectiva en los enfoques. Gómez introduce el concepto de analogía, tomado del pensamiento spengleriano, que permite la articulación de la historia provincial con la nacional, así como dar unidad a esta última: “Los hechos de nuestra historia regional no son separables de los acontecimientos que ocurren en el seno de las otras provincias; son aspectos particulares de sucesos análogos, que difieren en la crónica pero son idénticos en el contenido... El drama, los personajes, la escena, todo lo que centra al hombre cambia, pero no cambia el ideal de libertad, el sentido de sacrificio y el romanticismo del corazón” (AGPC, 104)

El relativismo spengleriano también se revela en sus ideas sobre el abordaje de la historia provincial, ya que considera que son los propios provincianos los indicados para escribir sobre su historia, porque sólo ellos pueden comprenderla acabadamente: “cada una de las estirpes provinciales entiende mejor el drama de sus hombres y de sus pueblos, porque los toma del seno de sus abuelos y los encuadra en el horizonte habitual de su existir... es lógico, entonces, que sea el lenguaje de nuestras cosas el que hable a las generaciones que continúan el tesoro histórico-social que rodeó sus cunas”.

No obstante, Gómez desea concentrar sus esfuerzos historiográficos en la superación de lo que llamó “la historia instintiva de Corrientes”, que consiste en la crónica local que cultiva el odio y la disolución.

Por ello, señalaba que el estudio analítico y la ponderación necesaria para determinar la acción de Corrientes en las luchas por la independencia, estaban lejos de haberse realizado y que la palabra definitiva sería el resultado de un esfuerzo colectivo armónico.

Gómez adopta el modo de explicación organicista, que no se ocupa de leyes, sino de descubrir las ideas de los agentes y las agencias que se encuentran en el campo histórico, o sea, los principios o ideas que informan los procesos, que son vistos como imagen o prefiguración del fin al que tiende el proceso en su conjunto. La historia escrita de este modo se orienta hacia la determinación de dicho fin.

Al abordar la historia provincial, toma como hilo conductor el proceso de formación de la personalidad política de Corrientes; estudia cómo el núcleo local trabaja su personalidad, la organiza en un estado y la consolida con acuerdos que garantizan su existencia, logrando así la individualidad política. Asimismo, busca probar cómo los principios fundamentales que rigen la vida política del país se encarnaron en Corrientes desde sus orígenes, como se observa en el “idealismo federativo y nacionalista”.

Propone cambiar el objeto de la investigación, propio de la historiografía tradicional correntina: en lugar de los viejos guerreros y paladines memorables, el pueblo, la masa, la colectividad, cuyos sentimientos encierran la clave del dinamismo social. Pero, acepta que pueda enfocarse hacia los hombres guías que movieron al pueblo provincial en las luchas por un régimen de libertad y de organización. Ellos son símbolo del espíritu social, son quienes interpretan con visión exacta los sentimientos, necesidades e ideas de una época; son instrumentos de la reyecía de las ideas, que son las que conducen el desarrollo histórico de los pueblos. En el caso de Corrientes, identifica como hombres símbolo a Genaro Berón de Astrada, Pedro Ferré, Joaquín Madariaga y Juan Pujol, síntesis de la voluntad colectiva contraria a la tiranía de Rosas. Berón de Astrada es el "mártir", el "maestro" de la nueva religión que enfervorizaría al pueblo de Corrientes. Pedro Ferré es el "político", el ciudadano hábil y sereno que conduce a la luz del principismo federal. Pujol es el "estadista", que construye sobre las ruinas y que crea las instituciones y el espíritu civil. Joaquín Madariaga es la encarnación del culto a la Patria y la libertad (Gómez, 1928c).

Las ideas federales se concretaron en Berón de Astrada, quien se levantó en defensa de

los derechos correntinos, por lo que su derrota en Pago Largo costó a la nación doce años de tiranía (Gómez, 1937). Acusa a Juan Manuel de Rosas de utilizar sus facultades para intervenir en la economía de las provincias “perturbándolo todo, con el fin único de aumentar su poder político y capacidad financiera militar”. Gómez se enfrentó a Julio Irazusta debido al informe sobre la actuación de Berón de Astrada que éste publicara en la Revista del Instituto de Investigaciones Históricas “Juan Manuel de Rosas”; aparecerían así en el periódico El Liberal, en marzo de 1939, una serie de artículos bajo el título “La verdad histórica y lo actuado por el Instituto...”

Para llevar a cabo su propuesta historiográfica, Gómez considera imprescindible que su generación realice la labor previa del relevamiento de los archivos provinciales, en coincidencia con los postulados de la Nueva Escuela; respondía a la voluntad de fundir los imperativos de la pedagogía cívica con una disciplina cuya fundamentación científica se hallaba en la observancia del método (Devoto, 1999). El mismo dedicó gran parte de sus esfuerzos al trabajo en archivos, tanto de Corrientes como de otras provincias y del extranjero, para proceder luego a una importante tarea de edición documental, que se tradujo en Corrientes en la guerra del Brasil (1928); Corrientes y la Convención Nacional de 1828 (1928), El general Artigas y los hombres de Corrientes (1929); Corrientes y la República Entrerriana (1929); Ley Nº 732 honrando el centenario de Pago Largo y la epopeya por la libertad y la constitucionalidad (1938). Afirma que la verdad se encuentra en los documentos, los cuales deben ser correctamente analizados. Pero la historia no debe quedar en los hechos, sino que debe elevarse por encima de la crónica perfectamente documentada. Los hechos deben agruparse para destacar las líneas fundamentales del pasado, aquello que sintetiza su razón de ser, para luego encontrar las analogías.

La etapa más rica y prolífica de su obra abarca la década de 1920, con la aparición de sus libros fundamentales. Su temática central fue la historia político-institucional, aunque también abordó la historia militar, religiosa y de la educación.

Con el objetivo de desentrañar el desarrollo de la personalidad social y política de

Corrientes, elaboró una Historia de la Provincia de Corrientes (1928-1929), cuya división en tres tomos responde a una propuesta de periodización: “Desde la fundación de la ciudad de Corrientes a la Revolución de Mayo”; “Desde la Revolución de Mayo al Tratado del Cuadrilátero” y “Desde el Tratado del Cuadrilátero a Pago Largo”. En el primer período, se produce el proceso de nacimiento y definición del organismo social de Corrientes; en el segundo, la personalidad social de Corrientes busca definirse en las nuevas ideas filosóficas y políticas, basadas en los conceptos de libertad e igualdad. Y con el Tratado del Cuadrilátero se abre el período de los gobiernos regulares, en el que la sociedad política se robustece con la ley escrita y se afirma la individualidad provinciana, que debe defenderse de los ataques del unitarismo nacional o del centralismo porteño.

Completó el análisis de todo el proceso histórico correntino con otras obras como Vida pública del doctor Juan Pujol (1922); Los últimos sesenta años de democracia y gobierno en la Provincia de Corrientes (1931); Ñaembé (1937); La victoria de Caá Guazú (1942); Toledo el bravo; Crónica de las guerras civiles y del período oligárquico (1944).

Los últimos sesenta años... fue publicada al calor de la revolución del 6 de septiembre de 1930; el objetivo explícito era proporcionar materiales a la juventud correntina para que realizara una elección política racional. Sin embargo, el propósito fundamental de la obra es, por un lado, destacar el papel jugado por el autonomismo y brindarle una justificación histórica que lo presente como única alternativa válida para completar el desarrollo provincial; y, por otro, reivindicar la constante lucha de Corrientes por contrarrestar la creciente intervención del gobierno nacional en la política provincial.

Esta obra no responde a las características metodológicas de los otros trabajos históricos, pues se nutre, fundamentalmente, de los propios recuerdos y de testimonios orales.

Merece señalarse una importante novedad introducida por Hernán Gómez en la

historiografía correntina: el análisis institucional, con su Instituciones de la provincia de Corrientes (1922). Allí plantea la necesidad de contar con obras que estudien doctrinalmente el origen y evolución de las instituciones provinciales, ante el total desconocimiento que existía fuera de este ámbito sobre las mismas, generándose la desvinculación de la conciencia ciudadana. Analiza el proceso constitucional, la organización del estado provincial, los derechos individuales y políticos, el régimen electoral, las relaciones con la Iglesia, la educación pública, policía, asistencia social, las actividades económicas, la legislación financiera y rural y el régimen municipal.

Gómez también investigó la historia local, de pueblos y ciudades, así como incursionó en la problemática de los territorios nacionales que rodeaban a la provincia y sobre los cuales consideraba que ella debía actuar.

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Las vinculaciones con las historias de Brasil y Uruguay

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Bajo la influencia de Spengler, Gómez advierte sobre la decadencia de la civilización occidental, motivo por el cual Europa mira a América, donde afirma que se está desenvolviendo una nueva cultura, la cultura americana. Postula entonces la necesidad de la integración sudamericana como requisito para poder ocupar el papel hegemónico al que está destinada. Para ello, propone volver a las tradiciones de solidaridad, establecer una ciudadanía americana y un marco económico continental. En este sentido, adhiere a la política de Luis Alberto de Herrera, a quien cataloga como continuador de la línea política de Artigas (Gómez, 1944b).

Destaca entonces la importancia del estudio de la historia americana, para lograr “la posesión completa de los elementos particulares que están influyendo en nuestro destino. El hombre americano no debe marchar a ciegas; debe conocerse y conocer el continente”.

Dentro de este contexto, adjudica a la Argentina el derecho de ocupar un lugar central en la escena continental. Esta posición lo llevará a tratar de integrar la historia provincial y nacional con la regional, buscando limar asperezas con la historia de Brasil y Uruguay.

1. Producto de una política de acercamiento con Brasil, en la década de 1920, Corrientes también se preocupó por estrechar lazos a través de la memoria. El 9 de septiembre de 1922, centenario de la independencia de Brasil, el Colegio Nacional de Corrientes organizó un acto de homenaje en Yapeyú, al que adhirió el gobierno provincial y asistieron delegaciones de Uruguayana e Itaquí. San Martín fue recordado allí como símbolo de la unión americana. En dicha oportunidad, Gómez pronunció unas palabras muy aplaudidas por la prensa brasileña, pero que no hemos podido reconstruir.

Al cumplirse el centenario de la Convención Preliminar de Paz firmada con Brasil, en 1928, el gobierno provincial decidió realizar festejos conmemorativos, fundamentando que la Convención “importó para las provincias litorales de la República, y especialmente la de Corrientes, un suceso trascendental que abre días serenos de acción fecunda, especializada por razones geográficas en la cooperación conómica y afectiva de las zonas limítrofes. En este sentido, las poblaciones del Brasil sobre la frontera correntina fueron hermanas en las luchas por el progreso y el ideal, solidarizadas en las formas contemporáneas de una acción integral que honra nuestra cultura” (1928d).

Se encargó a Gómez la reunión y publicación de los documentos relativos a dicha convención, conservados en el archivo provincial. Como resultado de esta tarea, se publicó la ya citada Corrientes en la guerra del Brasil.

En el trabajo introductorio, Gómez, mediante la remisión a fuerzas ocultas, irracionales, abandona todo intento por explicar la guerra con el Brasil: “Cuando sucesivas generaciones se educan bajo la presión de ideas idénticas, créanse en la personalidad social del pueblo sentimientos considerados como vitales que obligan el destino en las acciones instintivas de la colectividad. Y el Plata y el Brasil, sucesores de España y Portugal, sienten el fatalismo de esas reacciones liquidando la cuestión secular por medio de las armas”. Se justifica así el comportamiento de los dos actores apelando al fatalismo histórico, para evitar la determinación de culpas.

2. Ante el aplauso con que fuera recibido el tercer tomo de su Historia y el pedido de documentos realizado por historiadores argentinos y uruguayos, se le encargó la selección y ordenación de documentos del archivo relativos a las actuaciones de José Artigas y Francisco Ramírez, que aparecieron en dos obras, Elgeneral Artigas y los hombres de Corrientes y Corrientes y la República Entrerriana (1929).

Gómez rescata la figura de Artigas como legítimo defensor de los derechos provinciales y busca un juicio ponderado de la figura del caudillo: “El acervo de sus errores, de sus excesos, si es que ellos han de reputarse probados frente a tanto noble y humanamente correcto, no pueden ensombrecer las altas cualidades de su espíritu, ni el leal principismo de sus convicciones federales. Los caudillos no son los estadistas tranquilos de las sociabilidades cultas. Nacidos y actuando en el medio difícil de la colonia revolucionada, han debido usar de los hombres que el medio ponía a su alcance, con sus vicios y sus instintos, y Artigas no escapó a esta ley fatal. ¿Cómo, pues, complicarlo culpable de las modalidades primarias de su pueblo, cuando ese pueblo no podía hacer sino aquello que estaba en la medida de su conciencia elemental?”

La valoración positiva de Artigas se realiza en función de su adecuación a los intereses correntinos: “Corrientes le debe las prácticas representativas de su democracia, definida por primera vez en el litoral y en el país todo...; Corrientes le debe la definición auspiciosa de los sentimientos federalistas de su pueblo dentro de las bases de coordinación general, no en el sentido dogmático de “declaraciones”, sino en el orden de los sucesos y de las leyes... como ese respeto inquebrantable de la autonomía correntina, que contribuye a exaltar en la conciencia pública, la misma que Ramírez iría a destruir.”

Encuentra la clave para la comprensión de este proceso en el vínculo estrecho que unía a la Banda Oriental con Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe; esta articulación económica, existente desde la época colonial, explica la preeminencia de Artigas. La clase comercial correntina apoyó el pensamiento económico artiguista, mientras que el pueblo sustentó el régimen democrático que implantara. Ahora, cuando Artigas dejó de defender los intereses correntinos, para concentrarse exclusivamente en la guerra contra los portugueses, el aislamiento económico en el que se vio envuelta la provincia produjo su distanciamiento con el caudillo. Si bien la República Entrerriana también garantizó el comercio, su caída no fue motivada por la renuncia a esta política, sino por la reconquista correntina de su dignidad estadoal y de su unidad territorial.

Los trabajos de Gómez merecieron elogiosas críticas de Plácido Abad, aparecidas en La Mañana, de Montevideo, en 1927. Abad lo considera “uno de los más fuertes investigadores argentinos” con “una singular personalidad de historiador por la originalidad e independencia de sus juicios basados en la convicción profunda que emerge de lo que ha visto a través de la tesonera, ardua y patriótica labor en medio de archivos inexplorados todavía”. Concluye haciendo votos para que tenga continuadores que logren “una verdadera vinculación nacida del respeto y la admiración al esfuerzo mutuo realizado por los hombres del pasado a favor de la libertad”.

Por su parte, Luis Alberto de Herrera, en 1943, en El Debate, al referirse a sus estudios sobre Artigas, juzga que “escribe la historia de su provincia con alto y sereno criterio...No se trata de un ditirambo, sino de la nueva y verdadera historia, a base de auténticos papeles”.

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Conclusiones

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Hernán Gómez asentará la legitimidad de su propuesta historiográfica en la prosecución de una finalidad cívica considerada superior, con una fundamentación de cientificidad proporcionada por la estricta sujeción al método histórico.

Con un esquema interpretativo de la historia nacional con muchos puntos de contacto con el de Emilio Ravignani, buscó demostrar que la conformación de la nación y el desarrollo del federalismo fueron procesos paralelos y no excluyentes. La convivencia de las dos ideas que guían dichos procesos –la idea de nacionalidad y la idea de autonomía provincial- se explica, apelando a Spengler, por medio de la analogía: todas las individualidades provinciales siguieron procesos autónomos pero similares, que las condujeron a la unidad orgánica. De la misma manera, la historia argentina debía integrarse en la historia americana.

Su obra adopta un criterio organicista al exponer cómo tales ideas se concretaron a través del desarrollo progresivo de las instituciones democráticas y de los principios liberales. Este marco le permite abordar la historia argentina desde la perspectiva de Corrientes, con el objeto de insertarla en una interpretación integral del pasado argentino, que contemplara todos los desarrollos provinciales. En dicha interpretación, se destaca el papel de las provincias en la concreción de las ideas fundantes de la nación, que se encarnaron en Corrientes desde sus orígenes.

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BIBLIOGRAFÍA

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1928d Corrientes en la guerra del Brasil. Corrientes, Imp. del Estado.

1929 El general Artigas y los hombres de Corrientes. Corrientes, Imp. del Estado.

1931 Los últimos sesenta años de democracia y gobierno en la provincia de Corrientes

1870-1930. Buenos Aires.

1937 “Posición de Berón de Astrada en los sucesos del Plata (1838-1839). En: Academia

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Nordeste, Resistencia, UNNE, Nº

AGPC: Archivo General de la Provincia de Corrientes. Carpetas de Hernán Gómez.

UN GRITO CAMPO ADENTRO ( Las Ligas Agrarias)

Autor: Ponce Edgardo Fermín

Institución: Instituto Superior Goya

Provincia: Goya, Corrientes.

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INTRODUCCIÓN

El Movimiento Rural de la Acción Católica Argentina, marca la apertura a una diversidad de hechos y circunstancias, que se sucedieron y acompañaron al tránsito o proceso de este movimiento sociocultural. A medida que avanzamos en la lectura, iremos cerrando progresivamente este abanico de relaciones, para situarnos, dentro del marco que queremos indagar. Cuyo cuadro estará representado por un espacio geográfico, correspondiente al Departamento de la Ciudad de Goya, situada a las márgenes del río Paraná y enclavada en la Provincia de Corrientes.

Desde este espacio físico y entramado cultural elegido como campo de investigación, trataremos de avanzar en la búsqueda de una información genuina, con fuentes que de una u otra manera hayan tenido un protagonismo directo o indirecto, con el accionar de las Ligas Agrarias. Y fundamentalmente con aquellos hechos sociales que marcaron el curso de esta historia y las resultantes de nuestra realidad.

El título del tema * Un grito campo adentro *. No fue elegido al azar. Es una trama de significado, producto de un marginalismo oculto y de voces calladas, que busca una respuesta de la sociedad, de esa que le hizo y le siente diferente. Una memoria activa que nos despoje de prejuicios, y nos permita reflexionar sobre un pasado reciente, que nos ha dejado un “gusto amargo en la boca”, pero a la ves, un grito de esperanza, difícilmente de no ser advertido.

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* Como un sapucay al viento te digo chamigo, yo también existo... Aunque la sangre tiña mi cuerpo y mi alma grite de dolor, en la memoria de mi gente quedará acunada mi vos * (Edgardo Ponce)

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HIPÓTESIS

Según las informaciones existentes que son de nuestro conocimiento, podemos suponer, que las Ligas Agrarias se forman a partir de un proceso educativo, que se lleva a cabo fundamentalmente por la acción católica, a través de sus incursiones y misiones evangelizadoras en el área rural. Este proceso permitió que el hombre de campo y en particular la mujer adopte un protagonismo directo en los reclamos de sus derechos, favoreciendo la formación de una estructura social, que les permitiera participar más activamente y con ciertos respaldos en la atención de sus fundados reclamos.

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DESARROLLO

Para continuar con la lectura del presente informe, consideramos conveniente hacer un breve repaso organizado de la Acción Católica en el ámbito Nacional, como así también conocer algunos detalles de su génesis, objetivos propuestos, desarrollo de su accionar y vinculaciones con Instituciones y entes Internacionales que hicieron posible recorrer un arduo camino hasta el presente de nuestros días.

Conocer a grandes rasgos, una referencia histórica de la situación planteada, nos permitirá introducir los elementos que consideramos más relevantes, para el seno de la investigación, y también delimitar progresivamente, focalizando dentro del campo o contexto de interés deseado

Para los fines propuestos introducimos las primeras lecturas exploratorias.

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La Acción Católica en la Argentina

(Los comienzos)

Al igual que en Europa se puede tomar como antecedente de lo que posteriormente será el laicado organizado y más específicamente la Acción Católica, a las actividades en defensa de la Iglesia tanto de finales de siglo pasado como de principio de este. Frente a las ideas liberales de la Generación del 80, se destacaron como difusores de la doctrina cristiana José Manuel Estrada, Pedro Goyena y otros.

En 1902 nuestros Pastores vieron la necesidad de coordinar el accionar del laicado argentino y dieron sus directivas en una Pastoral Colectiva del Episcopado. Poco después recomiendan poner en práctica entre nosotros, lo que Pío X enseñaba para Italia, formando centros de acción católica y social en todas las diócesis. En 1919 en otra Pastoral Colectiva crean la Unión Popular, que estaba formada por distintas ramas que congregaba a damas, hombres y jóvenes, siendo bendecida por el Papa Benedicto XV.

El establecimiento oficial de la ACA se produce en 1931, cuando el Papa Pío XI, su fundador, aprueba la propuesta de nuestros Pastores de constituir la Acción Católica. Como reflejo de esto, la Carta Pastoral colectiva del 5 de abril de 1931 declaraba que ‘desde esta fecha, queda oficialmente establecida, en nuestra querida Patria, la providencial organización general de las energías apostólicas del pueblo cristiano que se conoce con el nombre de Acción Católica’, y a través de esas líneas se promulgaron sus Estatutos.

A partir de este momento los pastores se preocuparon por propagar la Institución, preparándose ellos mismos en cuanto a la doctrina sobre AC, enviando sacerdotes a Roma a profundizar esta vivencia, organizando Juntas y Consejos por todo el país. En sus comienzos se integró con la Liga de Damas Católicas, la Asociación de Hombres Católicos, la Liga de la Juventud Femenina Católica y la Federación de la Juventud Católica, las que poco después constituirían Asociaciones. Como motor de este movimiento se erigió desde su creación la Junta Central de la ACA, que como organismo nacional promovió a las Asociaciones nacionales y diocesanas.

Los promotores fueron:

Buenos Aires: Pbro. Cornelio Vignati. Santa Fe: Pbro. Antonio Caggiano. Córdoba: Pbro. Froilán Ferreira Reinafé. San Juan: Silvino Martínez.

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Expansión y desarrollo

Con entusiasmo y esfuerzo todas las diócesis contaron con la presencia activa de la ACA. En 1933 se realizaron las primeras Asambleas Federales de las Ramas que se preparaban para el Congreso Eucarístico Internacional que se realizó en nuestro país en 1934.

A partir de allí y hasta 1950 hubo crecimiento explosivo, acompañado de un serio trabajo de formación cristiana y dedicación a las obras apostólicas dispuestas por la Jerarquía. De ella salieron los primeros dirigentes de muchos movimientos y organizaciones apostólicas, como así también valiosos dirigentes de empresa, políticos destacados, gremiales, educacionales, etc.; además de poblar la Iglesia con vocaciones sacerdotales y religiosas y también de ejemplares familias cristianas.

Nacen por este entonces las Ramas especializadas de la ACA como eran los universitarios, los Profesionales (APAC), los estudiantes secundarios (JEC), obreros (JOC) y el movimiento Rural de la Acción Católica Argentina.

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EL PRIMER ENCUENTRO CON ALGUNOS PROTAGONISTAS

Una ventana para mirar hacia atrás.

Eso represento la convocatoria que realizó Carlos del Frade Escritor y autor del libro “El Litoral, 30 años después, sangre, dinero y dignidad”, en la Universidad de Lomas de Zamora de la ciudad de Goya. No fue difícil advertir, que los interesados presentes en esa ocasión, en un gran porcentaje eran protagonistas directos de los hechos, que con acertada precisión se contaban en el libro, sus rostros y relatos mostraban un ansioso testimonio y una marcada necesidad de mantener la memoria viva, de lo que fue, y es la lucha por sus ideales. Dos palabras sonaban fuerte en la sala y parecían estar siempre en “negritas”, Derecho y Libertad. Como sobrevivientes de una explosión nuclear, por la magnitud de la catástrofe y el atropello sin límites a los derechos humanos, allí estaban diciendo presente, aún estamos en pié, fortalecidos con la energía de los que ya no están, de aquellos que partieron por la decisión de los genocidas o por el dedo acusador de cobardes oportunistas; que satisfacción estar presente en este hito histórico, y poder asomar la mirada por esta ventana, desbloqueada por la descripción minuciosa de un escritor y los relatos emotivos de los verdaderos protagonistas.

Este hecho, en los acontecimientos de las memorias, a treinta años del golpe, no puede estar ausente en los escritos, que evidencian el accionar de nuestra gente, forma parte de un verdadero sentimiento de identidad Nacional, tan Argentino como el Himno, tantas veces cantado en los actos Patrios, casi obedeciendo un protocolo, pero aquí no “señores”, esta gente y muchos físicamente ausentes, eligieron como canción para su muerte, justificando sus verdaderos ideales, aferrados a la pasión que tal vez nació así, sin estructuras mentales previas, simplemente gritó a los cuatros vientos: Tengo derechos, ¿por qué?, paz, igualdad, democracia, o simplemente, sintió la necesidad de sentirse diferente, de no formar parte de ese circo, donde caminar por la vereda de enfrente bastaba, para sentirte perseguido, secuestrado, torturado, y aún para dejar la vida en las manos cobarde de un genocida sin Patria, de hombres que buscaron protagonismo, sembrando el terror, y ocultándose, bajo el ala del poder, de una estructura social enferma, de un sector de la sociedad que decidió someter a su prójimo con los peores vejámenes, con un salvajismo extremo. Esto trae a la mente el conocido episodio vivido por un antropólogo y un anciano antropófago, que enterado del número de muertos en los campos de batalla de la primera Guerra Mundial preguntaba. ¿Que hacen los blancos con tanta carne o comida? O el otro que sostenía que la naturaleza del hombre es buena, las sociedades corrompen. Vale la pena hacer un alto y pensarlo ¿no? Lo cierto es, que formamos parte de un entramado cultural, que pareciera no aprender a vivir en democracia, de una sociedad de recuerdos efímeros, de sujetos, que solo sienten el pinchazo, cuando éste es dirigido hacia su propio cuerpo, y no se inmutan con el dolor ajeno, o hacen oídos sordos a los reclamos de los derechos de todos. Pareciera que los objetivos de vida, son el materialismo, el confort, el poder económico y el poder por el poder mismo, para satisfacer cuantas necesidades se presenten aún a costas del dolor de un pueblo. A veces, en los altos de este escrito, cuesta reconocer que estos fragmentos de historia, forman parte de nuestra añorada Argentina, de esta tierra que nos vio nacer, crecer, y que hoy junto a nuestra memoria, quiere ofrecer un verdadero y objetivo testimonio de su historia de vida.

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LA PRIMERA ENTREVISTA

Referencias de la entrevista a la Sta. Rosario Obregón, de profesión docente de la ciudad de Goya provincia de Corrientes.

La entrevistada actualmente colabora en la conducción del (SUTECO) Sindicato Único de Trabajadores de la Educación de la Provincia de Corrientes. Con sede en nuestra ciudad, y en relación a nuestras preguntas entre otras cosas, nos comentaba lo siguiente: Las ligas Agrarias se ponen de manifiesto en nuestra región, en los primeros años de la década del setenta (1972,1973) aproximadamente. En esa época, ella trabajaba como docente en la escuela nº526 del paraje San Isidro, distante a unos 45Km. de la ciudad de Goya también en otra oportunidad lo haría en otra institución del departamento de Esquina, 110Km. al sur de esta ciudad, su trayectoria laboral la puso en contacto con una “escuelita” rural que funcionaba en el paraje San Isidro departamento de Goya. La actividad docente, y la realidad imperante en ese momento, la llevaron a interrelacionarse con todo ese contexto y las problemáticas socioculturales y económicas que afectaban ese sector. Corría el Gobierno de Lanusse en la Argentina (23-03-1971, 25-05-1973) y el pueblo era presa de una agitación social sin precedentes, que tuvo su gestación en importantes cambios que se venían produciendo a nivel mundial (Los documentos de puebla y de Medellín, Los sacerdotes para el tercer mundo, teología para la liberación y La revolución Cubana entre otros) fueron creando la necesidad de que importantes sectores sociales replanten sus posturas frente a la vida, levantaron banderas de igualdad de derechos, paz, libertad, equidad, democracia, y sobre todas las cosas, un protagonismo directo en las decisiones sociales para el bien común. [Recordamos el momento que atravesaba el hombre de campo, minifundistas, aparceros y pequeños arrendatarios, atrapados en la telaraña tejida con el mono cultivo del tabaco, del cual dependía la economía de los hogares campesinos, en la mayoría de los casos, pequeñas parcelas otorgadas por los “señores terratenientes”, “el patrón”. Ese que muchas veces se quedaba con porcentajes de la producción en la que no aportaba, ya que su capital eran las tierras y las cabezas de ganado, y era también el que retiraba las verduras frescas de la chacra mantenida con tanto sacrificio por el “peón” y su familia, esos “sujetos”,empresarios, o amigo del político de turno, y de las pocas empresas tabacaleras que fijaban los costos y la clasificación de la materia prima, hasta en siete clases o calidades, “catadores a ojo”, acopiadores oportunistas, que se quedaban con la mayor “tajada”. Rostros cansados curtidos por el sol esperaban con ansiedad su turno en largas colas frente a las tabacaleras. El noventa por ciento de lo recaudado ya estaba destinado para el próximo cultivo, el restante, seguramente le robaba una sonrisa y mientras tomaba un vasito de vino suelto, pensaba, en un pequeño regalito para la vuelta a casa, allí estarían con sus cuellitos largos espiando la polvareda varios de sus hijos, abrazados a su madre. Vale aclarar que en este tipo de producción primaria trabaja todo el grupo familiar, no existía la mano de obra contratada. Es más“ Cunumíes” de cinco añitos descalzos, con sus pancitas afuera, porque usaban las ropitas que dejaban sus mayores ya trabajan en la cosecha y en las técnicas menores de producción.

Las Ligas agrarias recuerda Rosario, tenían centros de reunión en gran parte de nuestro departamento, y otros linderos ( Colonia Carolina, Yataity Calle, Maruchas, Itacurubi, Buena Vista, San Isidro, entre otros). Entre los lindantes se encontraban, (Lavalle, Paraje La Bolsa, Santa Lucía, Villa Córdoba, Gobernador Martínez, Perugorría) y unos cuantos más distribuidos a lo largo y lo ancho de nuestra provincia. Además este movimiento se hacía extensivo a las provincias del NEA como Chaco, Misiones, Formosa, partes de Santa Fe y Santiago del Estero.

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COMERCIANTES SOLIDARIOS

Recuerda que en situaciones límites algunos grupos organizados, entre ellos docentes y líderes rurales se unieron a esta lucha y solicitaban la solidaridad de los comercios Goyanos, para la donación de víveres de primera necesidad, para minimizar la afligida situación de nuestra gente de campo, y sostiene que dicho petitorio tuvo siempre una respuesta positiva por parte de los comerciantes locales. Se montaron centros de almacenamientos estratégicamente ubicados para su posterior distribución.

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La bandera prestada: (Les cuento una anécdota dice) Un día se llevó a cabo una misa por el día del agricultor que tuvo lugar en el paraje San Isidro en las que se encontraban docentes , campesinos, y dirigentes de las Ligas Agrarias. En esa ocasión Rosario le prestó la bandera de su Escuela, para el acto y la ceremonia religiosa. Eso fue suficiente para que

sea calumniada, por los hacendados de la zona. Esas denuncias sumadas a otras de los propios colegas, me costó el puesto y el no reconocimiento de mi trayectoria años después, tuve que comenzar de cero en el año 1985, resaltó.

Allí no termina la cosa, aun faltaba el peor desenlace, la llegada del gobierno del proceso, la junta militar(24-03-1976,10-12-1983). El poder y la impunidad desatada en todo el territorio Nacional, no estuvieron ausentes en nuestra ciudad y comenzó la carrera del terror persiguiendo a los lideres de las Ligas Agrarias y a los que militaban en diferentes organizaciones políticas (montoneros, marxistas, gremialistas, profesores, maestros, eclesiásticos) y en particular a los de izquierda y “ultra izquierda”. Estaban los que tomaron las armas y los que eligieron otras vías, pero todos eran tratados de la misma manera. El objetivo era hacerlos desaparecer del sistema, y de la manera más cruel. Esta ciudad también fue elegida como asentamiento para la existencia de espacios físicos utilizados como lugares de detención y torturas, podemos citar al viejo “campo Hípico” sobre la vera del riacho Goya, lindante al norte con el entonces Regimiento de Ingenieros 7, y la “casa de los murciélagos” (un destacamento utilizado por la Prefectura Naval Argentina) en las inmediaciones del camino al puerto.

Comentó que fue muy penoso lo que paso en el Instituto del profesorado Manuel Estrada de la que fue alumna, que en esa casa de estudios superiores bajo la conducción del Padre Camozi, se había conformado un grupo de docentes de currículum inmejorables, la visión amplia y objetiva de los hechos sociales y la procedencia de otras provincias vecinas, fueron suficientes para que pierdan sus puestos laborales, sean amenazadas y perseguidas, sufriendo cárcel tortura y desaparición, mientras otros buscaban el cierre del profesorado, que finalmente lo consiguieron, lamentablemente en el ámbito de la educación y en particular en otro profesorado creado posteriormente, también habían “personajes” acusadores y entregadores oportunistas, profesionales de la salud que asistían a torturas y consentían el actuar del régimen y tantos otros que aun caminan por las calles como grandes ciudadanos o disfrutan del capital fácil, adquirido en ésa época. Y bueno así estamos…la experiencia y la memoria nos obliga a estar alertas, y de ello seguramente dependerá en gran parte, el futuro que queremos para nuestros descendientes y para nuestra gran Nación, del accionar de la iglesia les va a comentar “palito” Leiva concluyó.

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NUESTRO SEGUNDO ENTREVISTADO

(El accionar de la Iglesia)

Jorge Humberto Leiva (Jubilado judicial) milita actualmente en el S.I.T.R.A.J.(Sindicato de trabajadores judiciales) Integra la F.J.A. (Federación Judicial Argentina)Miembro de la C.T.A. (local) Central de trabajadores Argentinos. Integra la Asociación M.E.D.H.E.S.(Memoria Derechos humanos y Solidaridad de Goya).y también es miembro activo de la pastoral social de la iglesia

Con voz calma pero segura y atento a nuestras preguntas comenzó su relato, solo se necesitaron cinco minutos de escucha, para darse cuenta que se esta frente a una persona de bien, y con un gran dominio de los diferentes hechos que se sucedieron en el ámbito de sus gestiones y tantos otros que forman parte de su protagonismo de entrega y solidaridad con los más necesitados. Es que vivió de cerca tantas experiencias que le son propias y que forman parte de su historia de vida. A continuación no se registran respuestas de un cuestionario cerrado, sino una pequeña apreciación de lo verdaderos intereses que siempre tuvieron como premisa en su obrar, y que aun pone de manifiesto en la calidez y contundencia de sus manifestaciones más sobresalientes.

Con relación a esta temática menciona al Obispo Monseñor Devoto, y destaca su preocupación por este sector marginado de la sociedad. También atribuye significatividad al trabajo de seminaristas, grupos juveniles y algunos curas párrocos que misionaban en el campo e intentaban llegar con la palabra de la Iglesia y los postulados de la acción católica (A.C.A.). Considera que este camino recorrido por la iglesia, fue el puntapié inicial para el surgimiento de una nueva filosofía de vida que se fue abriendo camino entre las gramillas y los montes, hasta llegar un día con sus reclamos a una manifestación masiva en la plaza Mitre de nuestra ciudad, acompañada con una huelga de hambre en las puertas de la Iglesia Catedral, en compañía de una hermanita misionera. Es que este trato egoísta e inhumano ha llevado a este sector del campo a padecer grandes penurias, entre los que el hambre y la carencia de una asistencia social mínima, los sumía en una situación muy triste y desalentadora, a tal punto que con el dolor en el alma, las familias campesinas comenzaron a disgregarse, abandonando sus tierras, y dirigiéndose a los grandes centros demográficos, buscando un mejor bienestar.

No pudo evitar recordar las penurias que atravesaba este sector de nuestra sociedad postergado y volcado al olvido. La esperanza con la fe en Dios, los llevó a soñar con nuevas respuestas sociales, y sobre todas las cosas, una oportunidad digna, un bienestar diferente para sus “castigadas” familias.

Jorge Leiva sentía la necesidad de atraparnos con sus relatos. Y en verdad nos ha contagiado sus inquietudes, al punto tal, que nos costo dar por finalizada nuestra entrevista, debido a los atrapantes episodios de sus memorias, convenimos nuevos encuentros y dejamos abierta la comunicación para este tesoro de información y formación en la defensa de nuestros derechos.

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EL TERCER OBJETIVO DE LAS ENTREVISTAS

Tiene como premisa atrapar la atención y por sobre todas las cosas, conocer algunos reflexiones de sus escritos, obedeciendo a una serie de preguntas específicas dirigidas, a nuestro singular protagonista, el escritor Rosarino Carlos del Frade. Quién sin mediar inconveniente alguno, puso mano a la obra y nos respondió de manera concreta y organizada cada intención consultada a través de un cuestionario guía. Debido a nuestras carencias e inexperiencia en el tratamiento de ciertos contenidos y en virtud del resguardo del derecho de autor, decidimos anexar la misma para su oportuno tratamiento. Haciendo extensivo un agradecimiento por la excelente predisposición puesta de manifiesto desde el origen de las propuestas.

Atento a ello transcribimos copia fiel un fragmento de sus respuestas.

“Debe haber una nueva conciencia política que profundice la democracia a favor de todos y no de unos pocos. Memoria, verdad y justicia para darle sentido existencial a la vida de las mayorías.

Para eso debería servir el recuerdo y la memoria”.

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MIS MEMORIAS

A fines de la década del setenta un día de regreso de la escuela, en la mesa se mencionaban frases como: Estado de sitio, toque de queda prohibidas las reuniones de más de dos personas en las calles o esquinas, evitar salir solos, rastreo policial, persecuciones, abusos deshonestos, abusos de autoridad, gente del poder, comunistas, ligas agrarias, sindicatos perseguidos, policías pegadores, ejercito intocable, y tantas más. Me quedé pensando en los carteles del regimiento que decían prohibido pasar el centinela hará fuego (ah, por suerte ya no están) y lo resalto porque no eran meramente preventivos, y lo descubrimos un hermoso día de sol. Los chicos del barrio decían te enteraste, a la hija de Maciel le pegaron un tiro en el regimiento. Había entrado a cortar pasto para sus animalitos, como lo hizo en otras oportunidades y el guardia del tanque (de agua), distante a unos ciento cincuenta metros del lugar, le hizo un disparo que atravesó su cuerpo a la altura de la cintura, dicen que se arrastro hasta la vereda de su casa (lindante con el sector este del regimiento de comunicaciones 121) actual Ingenieros de monte 12. Esta fea la mano, ni se le ocurran buscar la pelota si se va adentro, como lo hacíamos antes, porque no van a pasar un metro del alambrado que son “boleta” decía Carlitos un viejo amigo del barrio.(continúa) Lo que pasa es que, la semana pasada una camioneta blanca con varios hombres en su interior parece que quisieron entrar por el fondo, debe ser porque allí tienen el depósito de armas, y municiones, pero la descubrieron y se armó la “balacera” Vengan miren decía, cuando la camioneta pasó por enfrente de la usina, algunas balas de FAL (fusil automático liviano)pegaron en el tinglado, allí quedaron los agujeros (indicaba), por suerte no mataron a nadie no?. ¿Y quienes eran? No se, la gente dicen los montoneros o los de las ligas concluyó.

Desde el estado de sitio la ciudad de Goya provincia de Corrientes no fue la misma. Seguramente, esto también sucedía en otras localidades del país. Su accionar se mostraba tenso y parecía que todo tenía un límite y en algunos casos directamente la censura. Lo que uno hacía o pensaba debía estar estructurado conforme a los mandatos e ideologías de unos cuantos, de lo contrario, eras un zurdo extremista, desestabilizador, activista, revolucionario, comunista, y cuantos otros sinónimos o lunfardos quieran agregar. ¿Que paradoja no? Cuantos de estos calificativos les vendrían como “anillo al dedo” a estos sujetos sembradores del terror. O, acaso los gobiernos defactos con estas características surgen en las sociedades del jardín de las urnas, con perfume a libertad.

Impotencia, bronca, tristeza, desasosiego, lágrimas, dientes apretados y gritos al viento eran la constante de un gran número de verdaderos patriotas, que no se dejaron llevar por la prensa dirigida, por el (dice que) o el (no te metas). Ellos eligieron vivir luchar y morir por un ideal, ese que dignifica la acción del hombre sobre la tierra, trabajo pero con derechos, con respeto a las normas básicas de convivencia y supervivencia, equidad, y por sobre todas las cosas libertad, libertad, libertad.

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CONCLUSIÓN

Conforme a los resultados obtenidos hasta el momento, podemos poner de manifiesto que estas resultantes nos han dejado un aprendizaje significativo, en función que ha permitido incursionar e indagar con ciertas particularidades, los fundamentos que constituían los cimientos del accionar de los hombres (mujeres y varones) que asumieron un protagonismo directo en la lucha por sus ideales, y proyectaron hasta el presente una verdadera lección y elección de vida, como ellos sencillamente decían:

“Luchemos para que se terminen las injusticias”

“No dejemos que nos dividan, el color de las ligas agrarias es el celeste y blanco de la bandera Argentina, mojada por el sudor de los trabajadores”

Concluimos. Pero aún queda mucho por indagar, la historia y la memoria activa debe ofrecerle un espacio y un tiempo sin límites a esta entrega, que llegó enancada en un grito campo adentro.

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